ORGANIZACION MUNDIAL DE LA SALUD – INFORME ARGENTINA 2017

La República Argentina tiene una superficie de 3 761 274 km2, correspondiente a 23 provincias. El territorio se divide en cinco regiones geográficas: Noroeste, Noreste, Cuyo, Centro o Pampeana y Patagonia. La forma de gobierno es representativa, republicana y federal.

Cerca de 65% de la población se concentra en la región Centro, especialmente en la provincia de Buenos Aires, con 38,9% de la población del país, particularmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y alrededores. En el 2010 se contabilizaban 40 117 096 habitantes, 91% de los cuales vivían en zonas urbanas, con una razón hombre/mujer de 0,95/1. Las estimaciones indicaban para el 2014 una población aproximada de 42 669 000 habitantes.

Al año 2010, la composición de la población en grandes grupos etarios presentaba diferencias significativas entre cada una de las provincias; el menor porcentaje de niñas, niños y jóvenes se registraba en CABA (16,3%), y el mayor porcentaje en la provincia de Misiones (32,5%). Paralelamente, CABA presentaba la mayor proporción de adultos con 65 años y más (16,4%), y la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, la menor proporción (3,8%).

F1

Según el Censo del 2010, 24,3% de la población era migrante, proporción que se mantuvo similar en los últimos tres censos. Los inmigrantes provenientes de países limítrofes y del Perú eran cerca de 3,5%, y 0,9% de otros países.

La población indígena es de 955 032 personas, lo que representa 2,38% del total de los habitantes, con 31 pueblos indígenas distribuidos en el país. La región de la Patagonia presenta la mayor proporción de personas que se reconocen indígenas (6,9% de la población de la región), pero el mayor número de indígenas se encuentra en la región metropolitana compuesta por CABA y los 24 partidos del Gran Buenos Aires, con 248 516 personas. Cerca de 149 493 personas se reconocieron afrodescendientes (1).

Las principales amenazas que pueden eventualmente afectar la salud pública en Argentina son: erupciones volcánicas, inundaciones, terremotos, deslizamientos y aluviones luego de grandes nevadas y tormentas de nieve, tornados y tormentas, olas de calor, incendios silvestres, problemas con materiales tóxicos en instalaciones y durante su transporte, brotes, epidemias y pandemias.

El sistema de salud de Argentina es quizás uno de los más fragmentados y segmentados de la región. Está compuesto por los sectores público, privado y del seguro social. Dicha fragmentación está determinada, en gran parte, por la organización federal del país, ya que cada una de las 23 provincias retiene su autonomía y responsabilidad constitucional para ejercer las funciones de rectoría, financiamiento y prestación de los servicios de salud. A su vez, la seguridad social se ha desarrollado históricamente en forma desintegrada, con un centenar de entidades.

El sector público está conformado por los ministerios nacionales y provinciales, y la red de hospitales y centros de salud públicos que prestan atención gratuita a toda persona que lo necesite, especialmente a personas de los quintiles de ingresos más bajos, sin seguridad social ni capacidad de pago (36% de la población) (2).

El sector del seguro social obligatorio está organizado en torno a las obras sociales, nacionales y provinciales. Las obras sociales nacionales son más de 200, e implican un gasto de 1,59% del producto interno bruto (PIB), y las 23 obras sociales provinciales cubren a los empleados públicos de su jurisdicción, abarcando 0,74% del PIB. Las obras sociales nacionales son reguladas por la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), cuyo principal objetivo es el de asegurar a sus afiliados el cumplimiento de las políticas y regulaciones vigentes.

El sector privado está conformado por profesionales y establecimientos de salud que atienden a particulares y a los beneficiarios de las obras sociales y de los seguros privados. Este sector también incluye más de un centenar de entidades de seguro voluntario llamadas empresas de medicina prepaga, que se financian con primas pagadas por las familias o las empresas, con recursos derivados de los contratos con las obras sociales, alcanzando a 8% de la población.

El país presenta una fragmentación en tres niveles: i) de cobertura, dado que no toda la población tiene acceso a prestaciones y beneficios de salud similares; ii) regulatoria, puesto que las capacidades de rectoría y regulación están repartidas en las 24 jurisdicciones y los diversos subsectores; y iii) territorial, debido a las marcadas diferencias de desarrollo económico entre las diversas regiones de la nación. La autoridad sanitaria nacional —por los recursos que gestiona y debido a la estructura federal del país—, tiene limitada capacidad para influir en los poderes provinciales a la hora de imponer innovaciones legislativas nacionales que deriven en modificaciones estructurales. La única vía para generar tales modificaciones es a través de consensos muy amplios. Esto se ha intentado a través de planes federales de salud y fortaleciendo el papel del Consejo Federal de Salud (COFESA). En este sentido, entre los 12 objetivos nacionales en el área de la salud se destacan la cobertura universal de salud, el desarrollo de una agencia de evaluación de tecnologías sanitarias y la creación de un sistema de acreditación de la calidad.

PRINCIPALES DESAFÍOS DE LA SALUD

Enfermedades emergentes

En la actualidad, los virus del dengue, chikunguña y Zika circulan en el territorio argentino (3). La dinámica de transmisión del dengue se caracteriza por la ocurrencia de brotes esporádicos importantes, como los ocurridos en el 2009 y en el 2013, intercalados con períodos de baja transmisión. En el 2016 se registraron los primeros casos autóctonos de infección por el virus del Chikunguña, limitados a las provincias de Salta y Jujuy. También hubo registro de transmisión autóctona vectorial de Zika en la provincia de Tucumán, y por transmisión sexual en la provincia de Córdoba.

La existencia de una gran proporción poblacional sin inmunidad para estos arbovirus, asociada a la presencia del mosquito Aedes en una extensa zona geográfica, constituyen importantes factores de riesgo para la ocurrencia de futuros brotes, que agudizarían las posibles consecuencias en el país.

La ausencia de casos autóctonos de malaria desde el 2010 permite considerar que se ha interrumpido su transmisión, aunque la vigilancia pos eliminación constituye un desafío importante, sobre todo en las zonas fronterizas, donde es menester detectar oportunamente nuevos casos importados y evitar así el restablecimiento de la enfermedad.

Enfermedades desatendidas y otras infecciones relacionadas con la pobreza

La enfermedad de Chagas es considerada un problema altamente relacionado con la pobreza y una prioridad por resolver. En el año 2014, la seroprevalencia de la infección por Trypanosoma cruzi fue de 2,5% en las embarazadas y 5,7% en las niñas y los niños por transmisión congénita (4). Es necesario ampliar el campo de acción para combatir el vector y controlar el problema de la transmisión congénita, cuya tasa se estima en 0,21 infectados por cada 100 nacidos vivos (5). La interrupción de la transmisión vectorial ya fue lograda en ocho de las 19 provincias endémicas: Entre Ríos, Jujuy, La Pampa, Misiones, Neuquén, Río Negro, San Luis y Santa Fe.

La leishmaniasis visceral constituye un fenómeno nuevo en la región Noreste del país. Con pocos casos notificados, un promedio de 11 anuales en el último quinquenio, es una enfermedad que preocupa por las dificultades que plantea su control.

Mortalidad materna

En el 2015, la mortalidad materna fue de 3,9 muertes por cada 10 000 nacidos vivos (n.v.). El rango de mortalidad materna osciló entre 8,1 (Salta) y 1,9 (CABA, Santa Fe y La Pampa), lo que revela profundas desigualdades entre las distintas provincias, aunque las causas de muerte no varían (6). Las causas obstétricas directas fueron responsables de más de 50% de las muertes maternas en el período 2010-2014 (cuadro 1). La ocurrencia de valores elevados, como sucedió en el 2015 en las provincias de Formosa (7,5 por 10 000), Chaco (7,3 por 10 000), Misiones (5,9 por 10 000) y San Juan (5,9 por 10 000), es indicativa de condiciones socioeconómicas precarias, niveles de información general y escolaridad bajos, y dificultades en el acceso a servicios de salud de calidad. A pesar de la elaboración de planes nacionales y/o provinciales para promover la reducción de la razón de mortalidad materna (RMM), es necesario implementar acciones integrales y sostenidas con el control de la sociedad toda.

Malnutrición

Según las Encuestas Nacionales de Factores de Riesgo (ENFR) del 2009 y 2013, en la población mayor de 18 años se evidenció un aumento del sobrepeso, al pasar de una prevalencia de 35,4% en el 2009 a 37,1% en el 2013. La obesidad ha aumentado de 18,0% a 20,8% en ese período. Dicho aumento constituye un desafío para el desarrollo e implementación de políticas públicas, tales como la regulación de las publicidades de alimentos dirigida a niños, la afectación con impuestos a las bebidas azucaradas y el etiquetado frontal de los envases con advertencias.

El cambio cultural observado en la utilización del salero en la mesa se reflejó en una disminución del consumo de 31,6% entre el 2009 y el 2013, lo cual evidencia el impacto de las políticas sanitarias tales como la iniciativa Menos Sal Más Vida del Ministerio de Salud de la Nación. A esto se agrega la reducción del contenido de sal entre 5% y 18% en distintos alimentos procesados, mediante acuerdos voluntarios con los sectores productores involucrados.

En la campaña Argentina 2014 Libre de Grasas Trans se trabajó para modificar el Código Alimentario Argentino (CAA) de manera conjunta entre el Ministerio de Salud, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, y los representantes de los organismos provinciales de control de alimentos y su industria. La modificación estableció que el contenido de ácidos grasos trans de producción industrial no debe ser mayor a 2% del total de grasas en aceites vegetales y margarinas destinadas al consumo directo, y no mayor a 5% del total de grasas en el resto de los alimentos (7).

El número de médicos y de camas hospitalarias disponibles a nivel nacional es de 3,6 médicos y 3,2 camas hospitalarias por cada 1 000 habitantes. Sin embargo, existen diferencias significativas entre las distintas jurisdicciones. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hay 10,2 médicos y 7,3 camas por 1 000 habitantes, frente a 1,2 y 1,1, respectivamente, para la provincia de Misiones (8).

Argentina cuenta con una sólida tradición en la formación de recursos humanos y en el desarrollo de investigación básica en ciencias biomédicas. En los últimos años se ha incrementado gradualmente el financiamiento privado en la actividad científica, aunque el sector público continúa siendo todavía el más importante. El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) otorga la mayoría de las becas para investigación básica y aplicada del país. Actualmente, 30,3% de los investigadores de la institución realizan su trabajo en ciencias biomédicas, habiéndose aumentado la cantidad neta de estos investigadores en más de 200% en los últimos 12 años.

Argentina es el segundo país de América Latina con mayor cantidad de revistas médicas indexadas por el Thomson Institute for Scientific Information (ISI, por sus siglas en inglés), con un total de seis publicaciones. La Red Nacional de Información en Ciencias de la Salud (RENICS), coordinada por la Biblioteca de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires, consolida un conglomerado de 87 centros de documentación de diversas instituciones. Por intermedio de la Biblioteca Virtual en Salud (BVS) se alimenta la base de datos que reúne la Bibliografía Nacional en Ciencias de la Salud (BINACIS) (9).

El proyecto de Scientific Electronic Library Online (SciELO, por sus siglas en inglés) cuenta con un total de 128 revistas que pueden ser consultadas a través de su portal, de las cuales 15 títulos corresponden a Ciencias de la Salud (10).

La Biblioteca Electrónica de Ciencia y Tecnología brinda acceso a través de Internet —desde las instituciones habilitadas para los investigadores del país—, al texto completo de libros, revistas científico-técnicas y bases de datos referenciales de gran valor para la comunidad científica (11).

El Sistema Estadístico Nacional (SEN), coordinado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), está integrado por todos los órganos oficiales productores de estadísticas. Las informaciones de interés para la salud son coordinadas a nivel nacional por la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, responsable de la producción de estadísticas sobre hechos vitales, condiciones de vida y problemas de salud de la población, y de la disponibilidad y utilización de los recursos. La DEIS tiene la responsabilidad de coordinar y normativizar la recolección de información estadística específica de los programas de salud, y participa desde 1996 en la iniciativa de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre indicadores básicos de la salud, lo que posibilita la inclusión de Argentina en una base de datos común a la Región de las Américas (6).

El Ministerio de Salud de la Nación ha impulsado el fortalecimiento de la vigilancia de la salud a través de la implementación del Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS). Dicho sistema funciona a través de una plataforma web que integra las estrategias de vigilancia clínica (C2) y laboratorial (SIVILA), así como las de las unidades centinela y de programas específicos, con el objetivo de que la información esté disponible online para los diferentes centros decisores (12).

Por su situación geográfica y estructura productiva, Argentina es uno de los países más afectados por el calentamiento global. En los últimos 50 años el aumento promedio de las temperaturas en el país alcanzó medio grado, con el caso particular de la Patagonia, donde superó un grado. De continuar la tendencia actual, las previsiones para la década del 2080 estiman posibles incrementos de hasta 4° C en el norte de país y 2° C en el sur, lo que traería aparejado mayores niveles de estrés hídrico, sequías e incrementos en los procesos de desertificación. La incidencia y la distribución geográfica de las enfermedades transmitidas por el agua, los alimentos y los vectores, pueden verse afectadas por estos cambios climáticos (13). En las últimas décadas, la expansión del vector Aedes aegypti en el territorio argentino y el brote histórico de dengue en 2016 constituyen buenos ejemplos de tales cambios (14).

Agua y saneamiento

De los casi 43 millones de habitantes de la Argentina, 84,4% tiene acceso a agua por red pública y 58,4% a cloacas. En la última década, el aumento en la cobertura de cloacas (6%) superó la expansión de la cobertura de agua (4%), contribuyendo a disminuir la brecha existente. Para áreas urbanas, la meta de alcanzar en 2019 niveles de cobertura de 100% en agua potable, y de 75% en cloacas, constituyen objetivos del Plan Nacional del Agua lanzado en 2016 (15).

En cuanto a residuos sólidos, en Argentina alrededor de cuatro millones de habitantes carecen de servicio de recolección periódica, y más de 20 millones de servicio de eliminación de residuos. La generación de residuos sólidos per cápita es de 0,85 kg por día, lo que representa unas 37 631 toneladas por día y 13 735 337 por año (16).

Deforestación y degradación del suelo

Un dato preocupante es que tan solo 6,6% de las áreas terrestres y marítimas se encuentran protegidas. Además, entre los años 2010 y 2015 Argentina ocupó el noveno lugar a nivel mundial en cuanto a pérdida neta anual de bosques, con una tasa de pérdida de 1,1% anual Tan solo en el año 2010 se perdieron 301 000 hectáreas de bosque, todas ellas por el accionar humano. Este fenómeno está causado por diversos factores, entre los que se encuentran la intensificación de los sistemas productivos, la expansión de la frontera agropecuaria, la minería metalífera y la urbanización de zonas forestales (17).

Gran parte de la expansión agropecuaria y ganadera del país en las dos últimas décadas se ha realizado y continúa realizándose en las regiones Noroeste y Noreste argentino (NOA y NEA), donde se llevaron a cabo desmontes con el objetivo de utilizar el terreno en actividades productivas, particularmente para la agricultura y en especial para el cultivo de soja (18).

Contaminación de aire y efectos en la salud

El país tiene una huella de carbono creciente asociado al patrón de crecimiento acelerado de sectores como la agricultura y el transporte, así como a los usos energéticos poco eficientes. A este respecto, se proyecta un incremento de 149% entre 1990 y el 2030, atribuible principalmente a emisiones de CO2 en el sector de energía por la quema de combustibles, incluyendo el transporte automotor (19). En zonas urbanas, uno de los principales desafíos se encuentra en la contaminación del aire. En Buenos Aires, el promedio de contaminación con MP2.5 (material particulado con un diámetro de < 2.5 µm) es casi seis veces superior al umbral recomendado por la OMS de 10 µg/m3 (20), en tanto que en Córdoba es tres veces superior y, en Mendoza, dos veces. El costo estimado del impacto de la contaminación de aire en la sociedad representa a 1,8% del PIB (21).

El sector público (ministerios nacionales y provinciales) se financia con recursos fiscales que ascienden a 2,2% del PIB, en su mayoría provenientes de aportes provinciales, y recibe pagos ocasionales del sistema de seguridad social, cuando atiende a sus afiliados. Cuenta con una multiplicidad de programas —algunos de ellos financiados con créditos internacionales, como “SUMAR”[1] y Funciones Esenciales de Salud Pública, apoyados por el Banco Mundial, y Redes, por el Banco Interamericano de Desarrollo—, que apuntan a asegurar la cobertura de las poblaciones más vulnerables.

En cuanto a las obras sociales, la mayoría opera a través de contratos con prestadores privados y se financia con las contribuciones de los trabajadores y empleadores. En conjunto, aseguran y prestan servicios al 42% de la población (trabajadores y sus familias).

Además, el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados, a través del Programa de Atención Médica Integral (PAMI), brinda cobertura a los jubilados del sistema nacional de previsión y a sus familias, alcanzando a 20% de la población, con un gasto que representa 0,75% del PIB.

El total del gasto privado se acerca a 3% del PIB, de lo que aproximadamente dos tercios corresponde al pago directo de las personas en el momento de la atención, especialmente en medicamentos (22).

Tanto las obras sociales nacionales como las empresas de medicina prepaga, tienen la obligación de cumplir el Programa Médico Obligatorio (PMO), bajo la supervisión de la SSS. El PMO comprende un amplio conjunto de prestaciones y sus respectivos medicamentos. Este programa cubre 95% de las consultas por atención ambulatoria, quirúrgica, hospitalaria y odontológica, así como de salud mental, de rehabilitación y de cuidados paliativos (23). El PMO no se aplica al sector privado que no pertenece al esquema de empresas de medicina prepaga, ni tampoco al sector público, el cual es regulado en los niveles provinciales y municipales, ofreciendo servicios que son definidos por los diferentes ministerios de salud provinciales. En materia regulatoria, es relevante destacar el papel de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), que tiene competencias de carácter nacional para garantizar la eficacia y seguridad de los medicamentos, alimentos y dispositivos médicos a disposición de los ciudadanos.

El gasto total en servicios de atención de la salud supera 8,5% del PIB, uno de los niveles más elevados de América Latina. Cabe señalar que, si bien la población en su conjunto tiene la posibilidad de acceder a los servicios ofrecidos por el sector público, aún persisten brechas importantes y asignaturas pendientes en el sistema de salud, especialmente en el ámbito de la calidad de dicho acceso (2). Se observan inequidades significativas en los resultados, el nivel de los gastos y en las condiciones humanas y materiales para el acceso efectivo a los servicios entre diversos territorios y grupos poblacionales del país (24).

SITUACIÓN DE SALUD Y SUS TENDENCIAS

Salud materna y reproductiva

Las muertes maternas se redujeron entre el 2010 y el 2015, pasando de un total de 331 a 298 muertes, lo que representa una razón de mortalidad materna (RMM) de 4,4 y 3,9 muertes maternas por cada 10 000 nacidos vivos, respectivamente. Las principales causas de defunciones maternas fueron por causas obstétricas directas (54%), indirectas (27%) y abortos (19%). Entre las causas de defunciones maternas directas aparecen en primer lugar los trastornos hipertensivos (15,4%), seguidos por las complicaciones del puerperio, que incluyen la sepsis puerperal (12,2%) y las hemorragias (11,0%) (cuadro 1).

C2

La reducción observada en la RMM no es homogénea en todas las provincias. El análisis comparativo del período 2010-2014 presenta escenarios donde se evidenció una disminución de la RMM, con valores por debajo del promedio nacional (CABA, Córdoba, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Neuquén, Santa Cruz, Santa Fe, y Santiago del Estero), y otros donde hubo un aumento de la RMM, con valores por encima del promedio nacional (tales como Corrientes, Chaco, Chubut, Entre Ríos, Formosa, Formosa, Jujuy, Misiones y Salta) (cuadro 2).

C22

El embarazo adolescente se mantiene alto y sin modificación en la última década, con una tasa de fecundidad adolescente de 68,1 (25).

 

Salud del niño

La tasa de mortalidad infantil en Argentina durante el período 2010-2014 se redujo en promedio 11%, desde 12 por cada 1 000 nacidos vivos. en el 2010 hasta 10,6 por 1 000 n.v. en el 2014[2], frente a la meta de los ODM de 8,5 por 1 000 nacidos vivos. La reducción fue observada en todas las regiones del país, siendo más importante en las regiones Centro y Noreste.

La principal causa de mortalidad infantil fueron las afecciones originadas en el período perinatal (un poco más del 50% del total de muertes), la que, sumada a las malformaciones congénitas (28%), representan más de 70% de las muertes en el 2014. Las enfermedades respiratorias (6% de las muertes infantiles), las enfermedades infecciosas (3%) y las causas externas (casi 3%) también figuraron entre las principales causas de mortalidad infantil (26).

En el 2014 se registraron 325 539 muertes, con una tasa de mortalidad general de 7,6 muertes por cada 1 000 habitantes. El 52% del total de las muertes correspondió a hombres. Prácticamente no hubo variaciones en la tasa de mortalidad comparado con el 2010 (7,8 muertes por 1 000 habitantes), pero todavía en ambos años se observan importantes variaciones entre las provincias. CABA presenta las mayores tasas de mortalidad, con un promedio de 10,7 muertes por 1 000 habitantes y Tierra del Fuego las menores, con 3,7 muertes por 1 000 habitantes.

La tasa de mortalidad ajustada por edad en el 2010 y en el 2014 fue respectivamente de 6,9 y 6,5 muertes por cada 1 000 habitantes. Las mayores reducciones en la mortalidad del período fueron observadas en las provincias de Chubut, con 16% (6,1 por 1 000 habitantes) y Formosa, con 13,7% (7,1 por 1 000 habitantes).

En el 2014, cerca de 40% de las muertes del país fueron ocasionadas por dos grupos de causas: cardiovasculares y tumores malignos. Las tasas de mortalidad ajustadas por edad para las causas cardiovasculares y los tumores malignos fueron casi cuatro veces más que la mortalidad por causas infecciosas y seis veces más que las causas externas. Comparado con el 2010, las causas de mortalidad que presentaron mayor descenso fueron las cardiovasculares, que descendieron 13%, seguidas por los tumores, que descendieron 2,5%. Por el contrario, las tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas y causas externas presentaron un aumento de 5,5% y 3,4%, respectivamente (cuadro 3).

C3

Se puede observar que las desigualdades regionales determinan diferencias en las principales causas de muerte de cada provincia. En las zonas con mayor pobreza del país es posible observar que la mortalidad por causas infecciosas presenta una carga importante, a diferencia de las zonas con mayor riqueza donde prevalecen las causas no infecciosas. En el 2014 por ejemplo, la tasa de mortalidad por enfermedades infecciosas fue dos veces mayor en la provincia del Chaco (63,2 por cada 1 000 habitantes), comparada con la de CABA (28,1 por 1 000 habitantes). Por otra parte, la tasa de mortalidad por enfermedades cardiovasculares en Córdoba (221 por 1 000 habitantes) es muy superior a la observada en Jujuy (90,8 por 1 000 habitantes).

Enfermedades transmisibles

En el 2014, la tasa de incidencia del VIH alcanzó un valor de 13,5 por cada 100 000 habitantes. Entre las provincias, los valores oscilaron con tasas de 4 y 25,5 casos por 100 000 habitantes, en Santiago del Estero y Tierra del Fuego, respectivamente. La epidemia de VIH en Argentina se concentra en algunos grupos específicos. Entre estos, se destacan los hombres que tienen sexo con hombres (HSH), las mujeres que realizan trabajo sexual y las personas transgénero. Una encuesta realizada en el 2010 entre adolescentes de 14 y 15 años indicó que 89% de esa población había utilizado preservativo en la última relación sexual con una pareja ocasional. En el período comprendido entre el 2010 y el 2014, la tendencia de la mortalidad por VIH/sida osciló entre 3,2 muertes por cada 100 000 habitantes en el 2010 y 3,4 muertes por 100 000 habitantes en el 2014 (27).

En el período 2010-2014 la tasa de mortalidad por tuberculosis no presentó mayores variaciones. Se registraron tasas de mortalidad cruda de 1,5 y 1,6 casos por cada 100 000 habitantes, correspondientes a 640 y 702 muertes respectivamente. Entre las provincias se observan profundas desigualdades. Jujuy presenta una tasa de 6,8 por 100 000 habitantes, y La Pampa una tasa de 0,15 por 100 000 habitantes (28). La mortalidad fue mayor en hombres que en mujeres, y se incrementó con la edad. Entre los 35 y los 44 años, más de un tercio de las muertes por tuberculosis (39,4%) estuvieron asociadas a infección con el VIH. La desigual distribución de la mortalidad se expresó en un índice de Gini de 0,48 para ese bienio, 14,2 veces superior al que registra la mortalidad total: 0,034. La tendencia fue diferente por edad, con una reducción mayor a 50% en los menores de 10 años y en el grupo de 25 a 34 años; pero fue menor en el resto de los grupos, con un aumento de 32,1% en el último decenio en el grupo de 15 a 19 años. En el 2013, la proporción de casos de tuberculosis detectados y curados con Tratamiento Abreviado Estrictamente Supervisado (TAES) alcanzó a 77,9%, aún por debajo de la meta de los ODM para el 2015, que es de 90%. En el 2015 la tasa estimada de infección por tuberculosis fue de 22,6 casos por cada 100 000 habitantes (29).

En cuanto a las enfermedades prevenibles por vacunacion, la poliomielitis, el sarampión, la rubéola y el síndrome de rubéola congénita están eliminados de Argentina. Dada la semejanza en los cuadros clínicos, las vigilancias del sarampión y la rubéola se realizan en forma integrada, bajo el programa de vigilancia de Enfermedades Febriles Exantemáticas (EFE). Desde el año 2012 se ha registrado la tasa de notificación esperada, de 1 caso sospechoso por cada 10 000 nacidos vivos.

En Argentina, la incorporación de la vacuna cuádruple (difteria, pertusis, tétanos y Haemophilus influenzae tipo b) al Calendario Nacional de Vacunación desde 1997 permitió reducir la incidencia del Haemophilus influenzae tipo b, manteniéndose una tasa nacional menor a 0,1 caso por cada 100 000 habitantes.

La tos convulsa o pertussis continúa siendo un problema de salud pública, aunque Argentina tenga altas coberturas de vacunación. Durante el año 2015, la tasa de notificación fue de 2,2/100 000 y se registraron 975 casos confirmados de coqueluche, 77,7% de los cuales se presentaron en las niñas y los niños menores de 1 año, y se registró el fallecimiento de 10 niñas y niños en este mismo grupo etario. Ante esta situación epidemiológica, se incorporó la vacuna DTPa al calendario de vacunación para las embarazadas, a partir de la semana 20 de gestación.

Luego de la introducción de la vacuna contra la hepatitis A (VHA) se observó un abrupto descenso en la tasa de notificación de esta enfermedad; desde el 2007 no se registran casos de hepatitis fulminantes pediátricas ni trasplantes hepáticos por hepatitis. Desde el año 2012, la incidencia de hepatitis A se ha mantenido en niveles estables incluso por debajo de lo esperado.

Se recomienda la vacunación universal contra la hepatitis B, por lo que se encuentra en el Calendario para toda la población no vacunada. Las tasas de notificación de hepatitis B se mantuvieron estables (1,23/100 000) durante el quinquenio 2011-2015.

En Argentina se registran entre 150 000 y 180 000 casos anuales de varicela, pero debido a un alto subregistro se estima que la cifra asciende a alrededor de 350 000 a 400 000 casos. A partir del año 2015 se estableció la obligatoriedad de la vacunación contra la varicela para todas las niñas y los niños de 15 meses de edad, con una única dosis en el esquema.

Asimismo, a partir del 2015, se incorporó también al Calendario Nacional de Vacunación la vacuna contra el rotavirus para todas las niñas y niños de 2 meses de edad, en un esquema de dos dosis, con el objetivo de disminuir las hospitalizaciones y las formas más graves de la enfermedad (6).

Algunos desafíos son comunes en las actividades de vigilancia de las zoonosis. Por su interdependencia con la salud animal, es fundamental la definición de una agenda conjunta con ese sector. Aspectos como la descentralización del diagnóstico de laboratorio, la organización de la vigilancia animal de diferentes hospederos o reservorios, y el monitoreo de los programas provinciales, son claves en el país.

El último caso de rabia en humanos se registró en el año 2008. Desde entonces se dan registros esporádicos de rabia canina, con tres casos en el 2015 en las provincias de Jujuy y Salta.

En la transmisión de la leptospirosis, el principal factor de riesgo son las exposiciones que ocurren durante las inundaciones (30). Las provincias que más casos han notificado son Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.

En el período 2010-2014 la incidencia de equinococosis fue de un promedio de 1,5 casos anuales por cada 100 000 habitantes, alcanzando la mayor incidencia en el 2014 con una tasa de 1,94 casos a igual razón. El promedio anual de menores de 15 años afectados fue de 16%. La tasa de letalidad presentó una reducción en el período de 30%, con un total de 74 muertes por la enfermedad.

En comparación con otros países, Argentina presenta una de las tasas más altas de incidencia de síndrome urémico hemolítico en niñas y niños menores a 5 años, siendo la principal causa pediátrica de insuficiencia renal aguda y responsable de aproximadamente 20% de los trasplantes de riñón en niñas, niños y adolescentes (31).

Enfermedades crónicas no transmisibles

Para el año 2012, la incidencia del cáncer era entre media y alta (entre 172,3 y 242,9 por cada 100 000 habitantes) de acuerdo con las estimaciones de la Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés). Esta estimación corresponde a más de 100 000 casos nuevos de cáncer en ambos sexos por año, con porcentajes similares tanto en hombres como en mujeres.

Según las Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del 2013, la prevalencia de la diabetes y/o glucemia elevada por auto reporte en la población mayor de 18 años fue de 9,8%, no presentando alteraciones significativas en relación con la misma encuesta del 2009. La prevalencia de la diabetes aumenta con la edad, pues alcanzó a 2,9% en el grupo etario de 18 a 24 años y a 20,3% entre el segmento de 65 años y más.

Accidentes y violencia

En referencia a la seguridad vial y sus implicancias para la salud de la población, en el quinquenio 2010-2014 hubo un promedio de 4 135 víctimas fatales por año en accidentes de tráfico, lo que representa una tasa de 9,9 muertes en el lugar del hecho por cada 100 000 habitantes, y una tasa de 2,1 muertes por cada 10 000 automotores registrados (32).

El consumo de alcohol regular a nivel nacional fue de 7,8%, manteniendo un valor similar a los registrados en los períodos anteriores (2005 y 2009). Se registró mayor consumo regular de riesgo en hombres que en mujeres (11,7% y 4,4% respectivamente), y en los rangos etarios de 18 a 24 años (10,7%) y de 25 a 34 años (9,6%). Según la Encuesta Nacional sobre Prevalencia de Consumo de Sustancias Psicoactivas realizada por el Ministerio de Salud de la Nación y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos en el año 2011, la mitad de la población entre 16 y 65 años notificó haber consumido alcohol al menos una vez en los últimos 30 días, y 26,4% reportó un consumo episódico excesivo. En la población de 12 a 65 años, las sustancias más utilizadas son el alcohol (70%) y el tabaco (47,3%), consideradas legales, seguidas de la marihuana (8,1%), los tranquilizantes sin prescripción médica (3,1%) y la cocaína (2,6%). El 3,6% de la población de 12 a 65 años indicó haber consumido al menos una droga ilícita durante el último año (33).

PERSPECTIVAS

Ante los nuevos desafíos que imponen los cambios demográficos y epidemiológicos, los desafíos sanitarios en Argentina guardan relación, como en otros países de ingresos medios de la región, con la implementación y sostenimiento de estrategias efectivas para los problemas relacionados con la pobreza. Las mejoras en las condiciones de vida de la población junto con el desarrollo de vacunas, antibióticos y la implantación de programas de control, impactarán en la reducción de los indicadores de morbilidad y mortalidad de diversas enfermedades transmisibles.

Ciertas enfermedades permanecen desafiantes, como es el caso del sida y la tuberculosis, cuya interacción dificulta el control de las dos enfermedades. El riesgo de ocurrencia de brotes por ciertas enfermedades virales ya conocidas, como la gripe, el dengue, el virus del Zika, el virus del Chikunguña, o por la introducción de nuevos patógenos y enfermedades zoonóticas, alertan sobre la necesidad de adecuación y fortalecimiento de los sistemas de vigilancia en todos sus niveles. Por esa razón, el fortalecimiento de las capacidades básicas nacionales en el marco del Reglamento Sanitario Internacional (RSI) tiene un rol fundamental ante ese escenario.

Un punto todavía inconcluso de la agenda son las enfermedades que subsisten en bolsones de pobreza y poblaciones marginales. Para abordar la problemática de esas enfermedades es necesario formular proyectos de desarrollo humano capaces de superar los condicionantes relacionados con la pobreza, y lograr así mejores resultados en la implementación de los programas de salud pública. El proyecto Hacia la Salud Universal de la Población del Chaco Suramericano 2016-2019, conformado por Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay, es una iniciativa que trabaja precisamente con estos lineamentos, y que puede generar enseñanzas útiles para su posterior aplicación en otras áreas del país, a partir de una realidad donde los determinantes sociales y medioambientales impactan en la salud y enfermedad de sus poblaciones, principalmente en los pueblos indígenas u originarios y campesinos o criollos, con demandas crecientes de participación en los espacios de tomas de decisiones estratégicas.

Junto con la agenda inconclusa de las enfermedades transmisibles, y los indicadores no alcanzados de los ODM en materia de salud materna e infantil, las ENT son consideradas como los problemas que imprimen la mayor carga al sistema de salud argentino. La posibilidad real de evitar las ENT hace apremiante reforzar los programas preventivos ya existentes orientados a este tipo de padecimientos en Argentina, así como aquellos orientados hacia los factores de riesgo, tales como las medidas para controlar el consumo de tabaco y promover una alimentación saludable y una vida activa.

Frente a los viejos y nuevos desafíos, Argentina cuenta con una rica historia de políticas sociales, grandes capacidades y talentos humanos, instituciones sólidas, y un nivel de gasto en la salud superior a la media de la región. Sin embargo, así como existen importantes fortalezas, el país tiene obstáculos pendientes por resolver. Argentina tiene quizás el sistema de salud más segmentado y fragmentado de las Américas, y solucionar esto requiere esfuerzos enormes de gobernanza del sector, en un ejercicio de la rectoría que alinee a actores muy diversos tras objetivos sanitarios comunes, objetivos que actualmente están concentrados en el avance hacia la cobertura universal, en términos de acceso efectivo a servicios de calidad para toda la población sin distinciones de ningún tipo.

En este reto, se ha señalado como tema central la actualización del conjunto de beneficios del PMO, a partir de la evidencia de su impacto y efectividad, y la intención de hacerlos universales, con el objetivo de fortalecer la estrategia de atención primaria en la salud y las redes integradas de servicios. Esfuerzo que, sin duda, exigirá la capacidad de generar acuerdos y consensos en temas tan relevantes como la distribución y competencias del recurso humano, la capacidad de resolución del primer nivel de atención y el acceso a tecnologías sanitarias y medicamentos costo-efectivos.

Frente a esta rica historia, Argentina es consciente de sus metas pendientes con las necesidades de personas y comunidades. Una nación que, poseyendo una tierra generosa y un capital humano excepcional, comparte con otras de la región el desafío de resolver las consecuencias en la salud causadas por las inequidades socioeconómicas y la exclusión social, desafío que debe enfrentar provista de un sistema sanitario de amplios contrastes, lo que requiere grandes esfuerzos para que la cooperación de las diversas áreas sea más eficiente y efectiva y se logre materializar el derecho a la salud para todos sin distinción.

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Fuente: Paho.Org

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