Médicos 4.0: dominar nuevas tecnologías y contener al paciente que googleó su síntoma

La medicina enfrente el desafío de aggiornar sus planes de estudio, formar en el uso de quirófanos modernos y estimular habilidades de inteligencia emocional, de modo de contener pacientes “cibercondríacos” y frenar la automedicación.

El futuro en medicina ya llegó. Los desarrollos que la tecnología introduce vertiginosamente seguirán cambiando el aspecto, las prácticas y las intervenciones que se realizan en los quirófanos y los consultorios más avanzados.

Conceptos como inteligencia artificial, robótica, data driven (la gestión de decisiones basada en datos del paciente) y el avance del uso de imágenes para diagnóstico y operaciones (calidad de imagen, fusión de imágenes y guías de localización) no sólo están reconfigurando el rol del cirujano, sino que están generando un sinnúmero de interrogantes de cara al futuro. Y también en el presente.

En nuestro país, ¿estamos formando los médicos que el sistema de salud demandará en un plazo no muy lejano? ¿Estamos educando a profesionales para los quirófanos del futuro? ¿Los planes de estudio se están anticipando a los nuevos requerimientos? ¿Dónde estamos situados? ¿Más cerca de metodologías que miran hacia la simulación robótica y quirúrgica, que recrean escenarios similares a los reales? ¿Cerca de las aplicaciones digitales? Y la academia, ¿sigue más anclada en la vieja escuela médica?

Estas preguntas, cuyas respuestas a veces desaniman, valen no sólo para las carreras de grado. La formación continua en medicina es fundamental. Y hoy, a la luz de los cambios sociales y culturales que la revolución tecnológica generó, la actualización del conocimiento médico-quirúrgico se vuelve imperiosa.

Más allá de la disparidad de recursos y condiciones que nos separan con los países que invierten en políticas a largo plazo en el ámbito de la educación y la salud, hay un dato que no podemos obviar: el conocimiento nunca estuvo tan disponible como hoy. Las plataformas digitales de aprendizaje nos permiten conocer la última novedad en cualquier especialidad.

Enfrentar los nuevos retos requiere de saberes técnicos cada vez más sólidos y aggiornados. Pero no sólo eso: el conocimiento no técnico pide hoy mayor protagonismo. De cara al paciente, los profesionales son valorados positivamente si aplican habilidades de inteligencia emocional; si saben comunicar, si generan empatía, si comprenden las nuevas dinámicas sociales. Y eso también se aprende y se debe enseñar, especialmente cuando la relación médico-paciente también se modificó.

Sólo un ejemplo: los profesionales reciben personas con angustia o en estado de ansiedad porque, previo a la cita médica, buscaron en la web información sobre síntomas que presentaron. Un buen profesional también hoy tiene que saber cómo tratar a los “cibercondríacos”, y tener las herramientas para combatir la automedicación a partir del autodiagnóstico que los pacientes realizan por Internet.

Claro está que en los tiempos líquidos y veloces en los que vivimos, la información fluye. Es una ventaja para las academias, porque pareciera que el conocimiento por sí solo no vale si no se comparte, y si no sirve para innovar. Las Universidades deben saber nutrirse de este caudal nunca antes visto, y saber encausarlo, más ahora cuando la actualización del conocimiento médico-quirúrgico y el criterio médico ya no son suficientes para satisfacer las demandas presentes, y mucho menos, las del futuro.

Debemos dejar viejos hábitos, y adoptar un nuevo paradigma de práctica y formación. En los quirófanos, hoy es imprescindible saber trabajar en equipo. Está probado que genera valor y logra mejores resultados técnicos. Por eso, es tan importante conformar equipos de trabajo de alta perfomance, en el que cada miembro domine una faceta determinada y responda en conjunto por el trabajo realizado.

En la última parte del siglo pasado, la innovación y el trabajo en equipo, condujo al desarrollo de nuevas ideas, métodos y aparatos y, como consecuencia, las fronteras entre especialidades, comenzaron a borrarse.

En medicina estamos ante un cambio de época más que en una época de cambios. Resulta vital cambiar también las estructuras hospitalarias. La noción de departamento (Cirugía, Clínica, Radiología…), como tal, es una estructura pensada para el siglo XIX, pero es improductiva en relación con las necesidades del siglo XXI. Para intentar subsanarlo se ha desarrollado el concepto de equipos multidisciplinarios, que, lejos de solucionarlo, ha demostrado la necesidad de estar –no una hora por semana, sino a tiempo completo- con quienes tratamos lo mismo, sin importar nuestra rama de procedencia.

El concepto antiguo de reunirnos, trabajar y asociarnos en relación a “quienes somos”, que obedecía al criterio de los departamentos y asociaciones médicas, está cambiando hacia la idea de equipos que trabajen juntos en relación a “qué y a quién tratamos”. Desplazando, así, siglos de egocentrismo a un auténtico trabajo en equipo orientado al paciente y sus problemas.

Sin embargo, la implementación de los cambios asociados a estas innovaciones, es a menudo un desafío complejo para médicos y otros profesionales de la salud, debido a estructuras de poder y privilegios que no desean compartirlos o perderlos.

Los adelantos tecnológicos se suscitan a diario, y en algunos casos con gran presión por parte de las empresas. El desafío es trabajar juntos para optimizar los resultados, aceptando y adaptando lo bueno y dejando de lado lo que no constituye un verdadero avance.

El cuadro de situación no sería completo si no incluimos el cambio generacional que observamos, y por momentos aterra. Se trata, en realidad, de una increíble oportunidad para asimilar y encauzar el progreso tecnológico en beneficio de nuestros pacientes. Los jóvenes que se suman a nuestros equipos nos aportan una visión más descontracturada, en la cual el respeto por los valores profesionales reemplaza a cierto autoritarismo, y nos enseñan a los mayores el concepto de que la información se comparte, y es la base para la participación.

Resulta clave saber interpretar el mundo que se viene para ser gestores del cambio. Podemos hacerlo con nuestros recursos y capacidades, sin olvidar que el liderazgo de los equipos que necesitamos, está en nuestras manos, en las manos de los mayores.

Como reflexiona Humberto Maturana, con las elecciones y las acciones que realizamos, somos los adultos los responsables del futuro. Somos el espejo y la referencia para las próximas generaciones.

* Mariano E. Giménez es profesor titular de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y Director de la Cátedra de Excelencia en Cirugía Percutánea de la Universidad de Estrasburgo, Francia

Fuente: Clarín

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