Brasil: Por primera vez, una mujer logró ser mamá con un útero trasplantado de una donante fallecida

Con este éxito podría ampliarse la aplicación de la técnica, que hasta ahora había fracasado varias veces. La incidencia de los problemas de útero y la regulación en Argentina.

Desde la primera donación de un útero a partir de una mujer con vida, en 2013, en Suecia, se hicieron 39 trasplantes de ese tipo, pero pocos fueron exitosos. El único embarazo después de un trasplante de útero retirado post mortem fue en 2011 en Turquía, pero terminó en un aborto espontáneo.

En diálogo con Clarín, Fernando Neuspiller, experto en fertilidad y director de IVI Buenos Aires, señaló la complejidad de esta intervención: “El útero tiene el tamaño de una pera invertida. Para albergar un feto, ese órgano debe poder aumentar unas 20 veces su tamaño. O sea que para que todo funcione correctamente, el procedimiento debe estar muy bien hecho, de modo de garantizar buena irrigación a medida que crece el bebé”.

Uno de los temas más complejos es la inmunosupresión a la que se somete a la receptora del útero donado, contó Neuspiller: “El único objetivo de este trasplante es reproductivo. La mujer recibe mucha medicación para no rechazar el trasplante. Para evitar que siga inmunosuprimida, lo que podría traerle otros problemas, el útero, así como se colocó, se extrae luego del nacimiento. Estamos hablando de embarazos de altísimo riesgo y de una cirugía que dura no menos de medio día”.

¿Cuántas argentinas tienen problemas de fertilidad ligados a la salud del útero? “Del total de las que no van poder tener hijos, el 8% está ligado a problemas uterinos”, explicó Neuspiller. Además, de las parejas en edad reproductiva, poco más del 2% tiene problemas de útero”, explicó.

Los casos más frecuentes son miomatosis y cicatrices o sinequias uterinas. Y se suma el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser, exactamente lo que tuvo la mujer del caso de Brasil. “Esa patología produce ausencia total o un útero muy rudimentario y se da en una cada 3.500 mujeres”, contó Neuspiller.

La mujer que recibió el útero tenía 32 años y había nacido sin ese órgano. Antes del trasplante, se sometió a una fecundación in vitro, aunque Neuspiller aclaró que “el embarazo podría haberse gestado en forma natural. Sin embargo, se recurre a la fertilización porque es una técnica más segura y certera en estos casos”.

El órgano procedía de una mujer de 45 años fallecida de un derrame cerebral y donante de varios órganos. La operación fue larguísima, de más de diez horas.

Para Ayelén Zuccarini “es un avance increíble”, pero remarcó que “la elección del donante ideal es uno de los temas más controvertidos”.

Según aclaró, “la mayor ventaja del donante cadavérico es que se suprime el riesgo de una de las partes, desde ya, pero recurrir a un donante vivo permite planificar el procedimiento y, además, determinar el estado general del órgano a trasplantar”.

Las diferencias que “en esencia” tiene este tipo de trasplante en comparación a otros son, para Zuccarini, motivo de que se evalúe generar una regulación paralela: “El de útero no es un trasplante requerido para salvar a una persona, sino que su función es mejorar la calidad de vida. De hecho está en juego el derecho humano a formar una familia”.

Agregó que “en nuestro país, la ley de trasplante de órganos recientemente modificada (“ley Justina”) sólo permite la ablación en vida con fines de trasplante respecto de mayores de 18, siempre que la persona receptora sea un pariente o conviviente. Habría que ver cómo se realizaría un potencial trasplante uterino acá, cómo se legislaría”.

“Yo creo que debería pensarse una ley separada porque esta intervención combina no sólo técnicas propias del trasplante sino también técnicas de reproducción humana asistida, ya que se requiere congelar embriones e implantarlos… es una compleja combinación de las dos”, describió.

El embarazo de Brasil se desarrolló sin dificultades y el bebé nació por cesárea a las 36 semanas de gestación, el 15 de diciembre de 2017, en estado ligeramente prematuro pero considerado oportuno para los médicos para evitar complicaciones.

Al nacer, pesó 2,55 kilos. El útero fue retirado durante la cesárea para poder terminar el duro tratamiento inmunosupresor. El niño y la madre dejaron el hospital al cabo de tres días.

Fuente: Clarín y AFP

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