Billetera (pobre) mata salud: los bajos ingresos se asocian con menos consultas médicas

Estudios internacionales reflejan que las personas de menores ingresos van menos al médico y sienten más pesada la carga de los servicios de salud. Argentina no es excepción.

Nacer y vivir en una familia con ingresos bajos repercute de manera negativa en el acceso a la asistencia médica y en la posibilidad de llevar adelante una vida saludable. Lo confirman estudios mundiales y Argentina está lejos de ser una excepción.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de España del año 2017 sobre ‘Condiciones de Vida’ son elocuentes: en todos los indicadores que se analizan tiene una influencia negativa el hecho de formar parte de un hogar con menos ingresos
económicos bajos o medios.

Por ejemplo, en relación a la atención sanitaria, concurrieron menos a la atención media con especialista las personas con menos ingresos (43,4% de ellas) que las que más ganaban (57,7%). Lo mismo sucede con la visita al odontólogo: consulta el 60% de los españoles con más recursos, mientras que los que tienen menos ingresos concurren en un 35,5%.

Un dato interesante es que la visita al médico de familia apenas varía: 78,5% en los hogares con ingresos bajos, frente a 79,3% en los de ingresos altos. Este dato es relevante ya que no es bajo el porcentaje que concurre al médico, siendo éste el que derivara al médico especialista en el sistema español.

Esta diferencia también se acrecienta cuando se estudia la carga que supuso los gastos de asistencia médica. Al 9,8% de las casas con ingresos bajos le supusieron una carga pesada frente al 5,6% de los hogares con ganancias más altas.

Igualmente, al 28,9% de los hogares con menos retribución tuvo más dificultad para afrontar la asistencia dental y, al 11,9%, obtener medicamentos. Mientras, el porcentaje fue del 17,3% y del 4,6% respectivamente en los hogares con más renta.

La situación en Argentina

¿Qué pasa en la Argentina? Para poder contestar esta pregunta necesitaríamos estadísticas confiables, algo que en la Argentina no tenemos. Pero, en base a encuesta de hogares, censos o estudios de la UCA, podemos decir que los datos no son muy diferentes a los dados por la encuesta llevada a cabo en el sistema de salud español.

En un trabajo publicado recientemente por Ermisch J. y Col. sobre transmisión intergeneracional de las capacidades y ventajas, un grupo de investigadores de diferentes países centrales analizó las potenciales consecuencias de la actual
crisis financiera sobre las oportunidades de movilización social futura. En este
estudio se incluyeron los cuidados, la educación, bienes para asistir a la escuela
(libros, computadoras), etc. Los datos de Argentina arrojan que el 32,7% de los habitantes no posee cobertura médica de plan, ya sea por obra social o por medicina prepaga, pero el 100% de la población está cubierta ya que la SALUD PUBLICA es universal en la Argentina.

Aún así, la situación de la salud pública en el país es alarmante y no es una novedad: ni los profesionales ni los establecimientos alcanzan para cubrir la demanda, y no hay que revisar las estadísticas para conocer el estado preocupante de la salud, a pesar de que hace 5 años que no se publican.

Un ejemplo claro es la tasa de mortalidad ajustada por edad cada 1.000 habitantes:

  • Buenos Aires: 7
  • CABA: 5,5
  • Chaco: 8,3
  • Córdoba: 6,3
  • Misiones 7,5
  • Neuquén: 5,9
  • San Juan: 6,3
  • Santa Cruz: 7,4
  • Tucumán: 7,1

Esto refleja que, como ocurre en España y en otros países, el factor socioeconómico es uno de los factores determinantes en Salud en la Argentina.

Por ello es clave que el Ministerio de Salud sostenga e impulse como prioridades la cobertura universal en salud, el desarrollo de una agencia de evaluación de tecnologías sanitarias y la definición de un sistema de acreditación de la calidad.

En la medida en que los recursos financieros se hacen cada vez más inequitativos y restrictivos, las posibilidades de las familias ricas y pobres de invertir en sus hijos también se hace cada vez más desigual.

La evidencia, en general, nos muestra que los niños de familias con mayores ingresos tendrán mayor probabilidad de seguir siendo de clase social alta mientras que los niños pobres tendrán cada vez menos posibilidad de escapar de la pobreza o del bajo Nivel Socio Económico (NSE).

La brecha en salud tiene por delante dos grandes desafíos: acabar con la inequidad en el acceso a la salud primero y, luego, acortar la brecha en la atención desigual de la población en función del tamaño de su billetera.

Alejandro Risso Vazquez. Coordinador Médico Terapia Intensiva, Sanatorio Otamendi. Médico especialista en clínica médica y en medicina crítica y terapia intensiva. Maestrando en Economía y Gestión de la Salud.

Fuente: Buena Vibra

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